El último puente

___En la cola para elegir burjú, el náufrago tenía claro que el suyo no tendría puentes, hasta que vio que todos aquellos que le precedían exigían al menos un puente para su burjú. Todos lo pedían, algunos antes incluso que cualquier otra cosa. Entonces vaciló un instante. Se agotaban. Un afilado sudor le cortó la frente. No. Él no necesitaba puentes en su burjú. Era un gasto innecesario. Llegaba su turno. La esquiadora que estaba justo delante de él reclamó tres puentes. Los dientes le castañetearon. Las sienes le ardíeron. Apenas pudo ser consciente de las palabras que escupía nerviosamente en su turno:
- Sí, déme un puente por favor. –Al escucharse a sí mismo enrojeció ostensiblemente.
___La registradora frunció el ceño y le dirigió una dura mirada, como el que apunta y dispara con pulso implacable un proyectil mortal.
- No tenemos más puentes, señor. No estaba previsto que usted solicitase un puente.
___Los nervios del náufrago se retorcían y se marcaban en su desfigurado rostro.
- He cambiado de parecer. Ahora quiero un puente en mi burjú.
- Señor, piénselo un instante. Quizás se está dejando llevar por una obsesión momentánea. Una repentina ofuscación puede…
- ¡Quiero un puente en mi burjú! ¡La he señalado antes que cualquier otra condición! ¡Es imprescindible que haya un puente en mi burjú!
___En el ceño de la registradora se dibujó la silueta del miedo. Aun así le contestó con idéntico aplomo que al principio:
- Aguarde, señor. Quizás exista un error en nuestro stock de puentes.
___Se dirigió con pasos cortos y rápidos hasta el despacho del coordinador de burjús, un hombre obeso, cuya papada se descolgaba hasta el pecho en forma de bolsa. Podría decirse que su profunda y sonora voz parecía reverberar en ella.
- Un problema, coordinador… -Prorrumpió como el chasquido de un arma amartillada a punto de tirotear a cualquiera que se interpusiese en su camino. –El náufrago desea un puente y está empecinado en esta idea. De hecho, ha sido la primera solicitud que ha efectuado respecto a su burjú.
___Alguien presente en aquel despacho tendría la tentación de asegurar que el tiempo transcurría a distinta velocidad para la registradora y para el coordinador. Éste último trató de arrellanarse en su ajustada silla, sumergiéndose en una aspiración interminable, como si su caja torácica fuese capaz de contener todo el aire de la habitación. Al fin habló, pero tan pausadamente que cualquiera juraría que aquel hombre hablaba a través de aquel cuerpo, sí, pero desde una insondable lejanía.
- Proporciónele un puente, por favor.
- En ese caso tendrá la posibilidad de regresar. Siendo un náufrago, ¿No es eso una contradicción?
- Tranquilícese. No se preocupe. Está haciendo lo previsto. Sólo está asegurando su naufragio.
___La silla chirriaba de dolor, girando de izquierda a derecha y de derecha a izquierda de manera que recordaba a la rotación planetaria. Los codos del coordinador se hincaban en el reposabrazos y sus manos se entrelazaban dejando los dos índices estirados, yema con yema, apoyados en los labios. Por otro lado, el eficiente ceño de la registradora aún interrogaba a su jefe, quien aclaró finalmente con la misma parsimonia y gravedad:
- Por favor, créame. No se trata de ninguna contradicción. Él ha efectuado una demanda. Cumpliremos con ella. Tenga en cuenta que un náufrago lo que desea es dejar de serlo. Dejar de estar perdido. Exigiendo un puente de regreso ha desperdiciado la opción de conseguirlo. Este imprevisto tan sólo mantiene las cosas en orden.
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3 comentarios:

Leo dijo...

Has puesto dos veces muy seguidas "tendría la tentación"

graograman dijo...

toda la razon! gracias!

Leo dijo...

A mandar